La cocina comunitaria abrió con olor a maíz recién molido y una fila que doblaba la esquina.

  Yo pensé que ahí empezaba la paz. Me equivoqué. A los cuatro meses, cuando..

Guardé la segunda acta dentro de mi blusa como si me quemara.

No lloré. Hay momentos en que una no llora porque el cuerpo decide sobrevivir primero...