—¿La llave de qué, Javier? —pregunté, apretándola tan fuerte que sentí el borde clavarse en mi piel.
Él sonrió como sonreía en las comidas de la constructora, con esa calma que..
La ejecutiva volvió a empujar la llave hacia mí.
—Señora Elena, la caja está a su nombre. Nadie puede impedirle entrar. Sentí que..
No firmé.
Pero tampoco grité. Miré a Daniela como se mira una puerta cerrada desde adentro..
Tomé la pluma.
La sostuve entre los dedos como quien sostiene una navaja. La punta quedó suspendida..
Los hombres llegaron hasta la reja como si ya fueran dueños de mi casa.
Uno traía la camisa pegada al cuerpo por el calor de Mérida. El otro..
Yo no abrí de inmediato.
Primero puse el celular de Javier sobre la mesa, boca abajo, como se pone..
No le di la USB al gerente.
La apreté contra mi cintura, debajo del uniforme, como si ahí pudiera esconder también..
Mi mamá no tembló cuando levantó la USB.
Eso fue lo que más miedo me dio. Durante toda mi vida la vi..
No firmé.
Pero tampoco rompí los papeles. A veces una mujer no necesita hacer ruido para..
Abrí la carta con las manos frías.
No porque quisiera perdonarlo. La abrí porque mi corazón ya estaba cansado de obedecer..
